
Esta obra de teatro se me ocurrió debido a haber redactado el artículo de mi localidad: Pedro Muñoz (Ciudad Real) en Wikipedia y descubrir a este personaje tan importante para mi pueblo.
Resulta que mi pueblo fue fundado en 1284 por la Orden de Santiago. Hubo problemas debido a que al obispo de Toledo se le asignaron las tierras de este lugar a él para poblarlas, sin saberse que precisamente esta parte de las tierras adjudicadas ya habían sido pobladas por el Priorato de Uclés, perteneciente a la Orden de Santiago. El arcediano de Alcaraz, entonces llamado Pero Muñoz (Pedro era Pero en época medieval) se tuvo que enfrentar al obispo de Toledo porque este quería que se abandonase el pueblo. Después de un juicio se decidió que los habitantes no tuvieran que abandonar la aldea y que aquel territorio perteneciera al priorato.
Sin embargo la obra de teatro no va de esta historia, sino de algo que ocurrió más de dos siglos después. El pueblo finalmente fue abandonado en 1410 por una oleada de peste negra, es posible que agravada por la desecación de la gran laguna que había que se estaba entonces convirtiendo en tres y que convertiría la zona en un lugar insalubre.
Estuvo más de un siglo abandonado hasta que llegó una familia de Cuenca, cuyo padre de esta se llamaba Juan Mayordomo. Todos los pueblos que desaparecieron en esta zona a comienzos del siglo XV por la peste fueron abandonados para siempre, excepto Pedro Muñoz gracias a este hombre, que trajo a su familia procedente de Cervera (Cuenca).
Siempre pensé que su historia fue lo suficientemente épica como para hacer una película de ella o al menos una novela. Yo por aquel entonces (en 2016) no me veía capaz aún de escribir una novela, pero de pronto tuve una idea. ¿Y una obra de teatro? Es más corto y más sencillo que escribir una novela, más limitante también porque tienes que tener en cuenta que se tiene que representar sobre un escenario y no puede ser demasiado extensa ni demasiado enrevesada, pero en definitiva, no tardaría mucho en escribirla y en ser capaz de finalizarla. Todo eso pensé.
El protagonista de esta obra de teatro era un hombre que se tuvo que enfrentar a los vecinos de El Toboso, Mota del Cuervo y Socuéllamos. Campesinos que usaban las casas abandonadas de Pedro Muñoz y explotaban sus tierras. Estos, obviamente, no les debía hacer ninguna gracia ver como se volvía a poblar un pueblo que ellos utilizaban a su antojo, pero hay que ser justos. Ninguno de los dos bandos tenía razón. El pueblo fue abandonado y ellos estaban sacando provecho de unas casas y unas tierras que ya no eran explotadas y la familia de Cuenca vio una oportunidad para devolver a la vida un pueblo fantasma, algo por otro lado, muy loable.
A partir de ahí la polémica estaba servida. La tenacidad de este hombre, la de su familia y la de los colonos que llegaron después lograron que la mismísima emperatriz Isabel de Portugal otorgara un nuevo Privilegio de Villa a la localidad salvando a los vecinos de nuevas incursiones contra sus casas.
De momento es tan solo una obra de teatro que espero que algún día se estrene en el teatro municipal de mi pueblo y que se interprete de forma periódica al menos una vez al año. Sería una hermosa tradición para honrar a este personaje al que mi pueblo tanto le debe y que parece relegarse al olvido.
