
Hoy 5 de agosto de 2024 al fin he terminado el último libro de la trilogía. Aquella trilogía que comencé a escribir el otoño pasado. Esta historia ha sido la causante de que haya atrasado la historia sobre el pueblo blanco que conquistó Europa, pero fue una idea que se me ocurrió un día, justo al comenzar a escribir La horda blanca y ya no pude parar hasta dejarla terminada.
Estoy ahora corrigiendo Atlas y su reino, para lanzarlo en cuanto pueda. Leí en algún sitio que lo suyo era dejar un año de diferencia entre libro y libro, pero yo voy a lanzar estos dos que me quedan en cuanto les haga una buena revisión y corrección y una pequeña segunda revisión a las partes de la historia que vea más flojas. Cuando estén los tres publicados por fin creo que me encargaré de pulir todos mientras escribo por fin La horda blanca.
Estos tres libros son algo así como la «Juego de Tronos» de la Atlántida. Es una serie de libros y una serie creada por HBO, por todos conocida, pero que yo confieso nunca haber visto entera. Algunos capítulos sueltos en TV, pero sé más o menos de lo que va, sé que la guerra de las dos rosas entre los York y los Lancaster es la inspiración original y que también hay referencias a demás hechos históricos de época romana, pero esto, pienso yo, es incluso bueno. Me refiero al hecho de no haberla visto ni leído para que no me influenciara. Es cierto que Autoctonia y Stark comparten color y símbolo. El lobo y el gris, pero me di cuenta más adelante. Es natural elegir el gris para un lobo después de todo.
Escogí colores menos alegres para los que son «los malos». En el caso de Juego de Tronos, creo que los Stark (los York de la historia) no eran en realidad los malos, pero mi historia en verdad no hay buenos ni malos. Todos son personajes grises, unos que buscan más el bien común que otros, pero sí hay personajes que de manera puntual se vuelven realmente malvados y egoístas.
He creado un último capítulo en Poseidón que enlaza con la otra trilogía y aparecen Caris de Azaia junto a Évenor explorando la gélida Antártida cuando eran jóvenes. De este modo, creo una conexión entre ambas trilogías y puede que anime al lector de esta trilogía a continuar con la siguiente, en este caso con la primera novela de la siguiente saga: La columna de oricalco: La caída de Atlantis que transcurre unos 300 años después.
Solo me queda decir que he disfrutado como un niño escribiendo esta historia. Me ha alegrado crear una historia con libros que no fueran auto conclusivos, sino que tuvieran una continuidad y de este modo convivir con los mismos personajes. En Diluvio: El último castigo de los dioses, hago una continuación de La caída de Atlantis en la primera parte, pero en la segunda la continuación se rompe para que aparezcan personajes nuevos. Diluvio es una novela que me encanta, porque ambas partes son como dos libros independientes, pero la amenaza del diluvio y el diluvio en sí son la conexión con la historia, aunque pasara casi un milenio después y amara a los nuevos personajes que creara en la segunda parte, pero La horda blanca iba a ser más de lo mismo, así que tenía ganas de contar una historia que tuviera continuidad, con saltos pequeños en el tiempo (10 y 8 años respectivamente) y que a los personajes se les pudiera coger cariño. Que los niños fueran creciendo y fueran adquiriendo protagonismo, reyes que caían y morían… algo en definitiva parecido a lo que ocurre con tantas series de libros o de TV como Harry Potter, El señor de los Anillos o Juego de Tronos.
Esta nueva serie ha sido un reto para mí. Muchos personajes. He tenido que hacerme una tabla dentro del editor para recordar edades, nombres, hijos, esposas, símbolos, dioses de cada reino, porque ha sido algo masivo que me ha venido un poco grande, pero estoy muy satisfecho de haberlo al fin logrado y haber logrado también que todo encajara al final de forma muy satisfactoria y con esos finales semiabiertos tan propios de mí. Aquellos finales que te dejan satisfecho, pero en los que hay un pequeño «pero» que intranquiliza y que da atisbos de que la vida de los personajes continua, aunque yo ya no siga escribiendo más palabras sobre ellos. Eso lo hace más verosímil y real. A mí me da la sensación de que estos personajes tienen una vida muy real, me hacen soñar de que esta civilización atlántica pudo existir y haber tenido una historia que ha podido perderse para siempre. Somos ellos, son nuestros ancestros. Aquellos atlantes, si de verdad existieron, huirían a América, Europa y otros lugares tras el Dryas reciente y posiblemente llevemos con nosotros a muchos de ellos en nuestros genes no caucásicos.
