Hace dos días (el 17 de septiembre) terminé por fin de corregir Poseidón y su isla, así que ahora acabo de empezar hoy a volver a repasar Clito y su ciudad y el resto de la trilogía para pulirlos más y haré lo mismo con las otras dos novelas de la otra trilogía, es decir, La caída de Atlantis y Diluvio.
Pronto me pondré a planificar bien La horda blanca, que ya le toca la verdad, pero me ha surgido un problema. Resulta que en tamaño 15×9 pulgadas la versión de tapa dura no es factible si el libro tiene más de 550 páginas. Poseidón tiene (591). Así que, la verdad es que no sé que hacer. Estoy por dejarlo como está y no ofrecer tapa dura para el tercero o quitar los tapa dura de los dos primeros. El caso es que ya he vendido uno de Clito y su ciudad (el 1º) de tapa dura. He preguntado a otros escritores en un foro y ahora espero respuesta.

Otra cosa de la que quería hablar es de los caballos y el hipódromo. En otro artículo hablé de que Platón debió incluir a Zeus en su diálogo sobre la creación del mundo, es decir, el Timeo. Zeus era el dios principal y debía tener sentido para él que liderara en aquellos tiempos la creación del mundo y también lo menciona en el Critias. Lo que Platón no sabía es que Zeus es un dios indoeuropeo (Dyeus o Di-wa). Así que Poseidón, junto a Deméter tuvieron que ser los dioses principales de una hipotética civilización en medio del océano Atlántico. Es decir, que si los atlantes existieron, Dyeus (el Zeus protoindoeuropeo) no existía.
Pues me pasaba lo mismo con el hipódromo y los jinetes que aparecían en el Critias y que según él, usaban para la guerra a la hora de formar sus «divisiones». Los jefes administraban cada división territorial y según Platón cada jefe debía aportar caballos y jinetes.
«El número de soldados, con que debían contribuir los habitantes de la llanura que estuvieran en estado de llevar las armas, se había fijado de esta manera. Cada división territorial, debía elegir un jefe. Cada división tenía una extensión de cien estadios, y había sesenta mil de estas divisiones. En cuanto a los habitantes de las montañas y de las otras partes del país, la tradición cuenta que eran infinitos en número; fueron distribuidos, según las localidades y las poblaciones, en divisiones semejantes, cada una de las que tenía un jefe. El jefe debía suministrar, en tiempo de lucha la sexta parte de un carro de guerra, de manera que se reunieran diez mil; dos caballos con sus jinetes, un tiro de caballos, sin carro; un combatiente armado con un pequeño broquel; un jinete para conducir dos caballos; infantes pesadamente armados, arqueros, honderos, dos de cada especie; soldados armados a la ligera o con piedras o con azagayas, tres de cada especie; cuatro marinos para maniobrar en una nota compuesta de mil doscientas naves. Tal era la organización de las fuerzas militares en la ciudad real. Respecto a las otras nueve provincias, cada una tenía la suya, y nos extenderíamos demasiado, si habláramos de ello».
Y esto, siendo sincero, es de esas cosas que me chirrían, porque al igual que digo lo que me parece plausible y lógico, también digo lo contrario. Los caballos en aquella época eran muy débiles. Es cierto que una civilización los ha podido mejorar durante siglos hasta que pudieran tirar de carros como en la edad del cobre y puede que pudieran ser montados. Puede que los desarrollaran y esa raza se perdiera para siempre y puede que algunos de ellos se perdieran y se mezclaran con los salvajes de Europa acelerando así algo la mejora de esta especie en el viejo mundo, pero no hay pruebas de ello, obviamente, porque si existió tal isla se hundió y lo único que tenemos es la fuente de Platón en el Critias que no sabemos si lo añadió él como hizo con Zeus, porque veía raro que no hubiera caballos en la historia.
«Era de notar, sobre todo en el centro de la mayor de éstas islas, un hipódromo de un estadio de largo, que en su longitud abrazaba toda la vuelta de la isla, y donde se presentaba vasto campo para la carrera de los caballos y para la lucha».
El caso es que esto fue algo que decidí obviar en mi primera novela sobre el Dryas reciente y el final de la Atlántida, pero que he decidido incluir en Poseidón. Así que como La caída de Atlantis es posterior, he decidido que en la próxima versión añadiré alguna referencia al hipódromo y a las carreras de caballos cuando lo repase. Escribo esto por si habéis leído una versión anterior y luego lo releéis (u os lo comenta un amigo vuestro que lo ha leído recientemente) y encontráis un hipódromo. No, no… no estáis locos. El libro ha cambiado ligeramente. Y es posible que readapte el lore algo mejor debido a la ampliación de este en la última trilogía, así que va a sufrir una buena renovación con bastante seguridad.
